Seleccionar página

RESUMEN DEL LIBRO EL PATRÓN BITCOIN

DE SAIFEDEAN AMMOUS

LA ALTERNATIVA DESCENTRALIZADA A LOS BANCOS CENTRALES

¿Qué encontraré en este libro? Una mirada al futuro de las finanzas.

Ya sean las monedas en tu bolsillo o la tarjeta de crédito aceptada internacionalmente en tu billetera, el dinero hace girar al mundo. Sin él, estaríamos atrapados con el sistema que usaban nuestros antepasados: el trueque. Cambiar sillas por cerdos y velas por leche está muy bien siempre que tengas lo que tu vecino necesita, pero es un sistema complicado de escalar más allá de una pequeña aldea, y es casi inútil en el comercio mundial de productos básicos.

El truco es encontrar algo que todos acepten y en lo que confíen. En la era moderna, eso significaba papel moneda respaldado por oro. La idea era simple pero efectiva. Después de todo, pocas cosas se adaptan mejor a la retención de valor que el metal precioso. El resultado fue una era de crecimiento y prosperidad sin precedentes. Las cosas empezaron a ir mal a principios del siglo XX cuando los gobiernos abandonaron lo que se conocía como el «patrón oro» y comenzaron simplemente a imprimir dinero. ¿El resultado? Un siglo de auge, caída y endeudamiento creciente.

Sin embargo, no necesitamos volver al oro si queremos unas finanzas sólidas. De hecho, hay un nuevo actor en escena que se adapta perfectamente a nuestra era digital: Bitcoin. Al igual que el oro, es una forma muy estable de almacenar valor a lo largo del tiempo y se puede utilizar en cualquier lugar y en cualquier momento. Si la nueva criptomoneda puede superar algunos problemas iniciales, puede convertirse en el nuevo estándar para una nueva era de crecimiento.

 

En los siguientes minutos, aprenderás:

-Porque la llegada de nuevas tecnologías supuso el fin de una antigua moneda de roca;

-cómo los gobiernos han minado el valor de las monedas para financiar sus guerras desde Julio César;

-y por qué Bitcoin está perfectamente adaptado para desempeñar el papel de un nuevo estándar.

 

  • El dinero se utilizó por primera vez como medio de intercambio.

¿Cómo funciona una economía sin dinero? Simple, intercambias cosas. Llámalo trueque o intercambio directo. Podrías comerciar dos cerdos para una vaca, o para un corte de pelo, todo depende de lo que tienes y lo que tu vecino necesita, o viceversa. Pero aquí está el problema: a veces esas cosas no se alinean.

Si no tienes algo que le interese intercambiar a otra persona, pues, mala suerte, ¡tampoco obtendrás lo que quieres! Es aquí donde entra el dinero. Como todo el mundo lo quiere, puedes usarlo para cualquier transacción. Eso se conoce como intercambio indirecto.

Aunque el dinero de antes no se parece en nada a lo que llevas en tu cartera hoy en día.

Veamos un ejemplo, los habitantes de la isla Yap en los Estados Federados de Micronesia. Bien entrado el siglo XIX, utilizaron «Las piedras de Rai” para su comercio. Estas piedras existían en todas las formas y tamaños, la más grande con un peso asombroso ¡de cuatro toneladas!

Cuando una nueva piedra estaba lista, era arrastrada colina arriba para que todos pudieran verlo. Su propietario cambiaba la propiedad de la piedra por bienes y servicios. Cada transacción era anunciada a toda la comunidad, que a su vez reconocía el intercambio.

Este tipo de dinero funcionó durante tanto tiempo porque era vendible.

Los isleños de Yap sabían que si poseían piedras Rai, también podrían venderlas. La ventaja adicional era que podrían ser utilizada en toda la isla ya que las piedras eran visibles desde cualquier punto. También eran divisibles. Si querías algo pequeño como una canasta de frutas, vendías una pequeña parte de tu piedra; si quisieras algo más grande como una balsa, vendías una pieza más grande, o incluso la piedra entera.

Entonces, si las piedras Rai funcionaron tan bien, ¿por qué los isleños todavía no la siguen usando hoy en día? Bueno, hubo un inconveniente: no retuvieron su valor o capacidad de venta a lo largo del tiempo. Inicialmente, eso no había sido un problema. Extraer y trasladarlas de islas cercanas. Fue un negocio tan difícil que el suministro de piedras fue limitado y su valor se mantuvo estable. Eso cambió a finales del siglo XIX con la llegada de David O’Keefe, un Capitán irlandés-estadounidense que había naufragado en la isla.  O’Keefe comenzó a importar piedras Rai en grandes cantidades utilizando tecnología moderna para intercambiarlas por cocos. Pronto se volvieron tan comunes que ya no funcionaban como dinero: se habían transformado de nuevo en meras piedras.

El oro se convirtió en la base del dinero sólido.

El primer dinero que se asemeja a las monedas que llevas en tu bolsillo fue un producto de una tecnología revolucionaria pionera en las primeras civilizaciones precristianas: la metalurgia, el oficio de la fundición. Esta tecnología hizo posible crear monedas vendibles que eran lo suficientemente pequeñas y livianas para ser llevadas a lo largo y ancho.

Un metal se destacó entre la multitud en lo que respecta a la acuñación. El oro. ¿Por qué? Bueno, tiene un par de características únicas. Primero, es virtualmente imposible de destruirlo y no se puede sintetizar usando otros materiales. Además, si quieres oro, es mejor que tengas una pala, porque bajo tierra es el único lugar donde encontrarás cantidad decentes del mismo. Además, cuanto más oro extraigas, más profundo tienes que ir para encontrar más oro, es decir, que incluso a medida que mejoran las tecnologías de extracción de oro, la oferta de oro crece lenta y predeciblemente.

Combinando todos esos rasgos se obtiene un material increíblemente eficaz como reserva de valor, lo que lo hace comerciable a lo largo del tiempo.

El rey griego Creso encargó monedas de oro  hace mas de 2500 años.

El oro puede haber existido siempre, pero la historia de amor entre el dinero y el oro sólo floreció realmente en los siglos XVIII, XIX y XX. Eso se ha conocido en la historia como la era del dinero sólido.

Pero antes de que nosotros utilicemos este término, proporcionemos un pequeño contexto.

Estos siglos fueron moldeados por los rápidos avances en las comunicaciones y transporte. Tecnologías como el telégrafo y los trenes hicieron más fácil que nunca que tanto las personas como las mercancías fueran del punto A al punto B. Eso, a su vez, justificó el uso creciente de formas de pago convenientes y no físicas como los cheques, recibos en papel y las facturas.

¿Pero cómo convencer a los comerciantes y consumidores de que los trozos de papel que utilizan para comprar y vender valen algo?

La respuesta que dieron los gobiernos de todo el mundo fue emitir papel moneda respaldado por metales preciosos, que almacenaron en bóvedas. En la mayoría de las principales naciones europeas, el metal comúnmente utilizado fue el oro. Gran Bretaña abrió el camino, con Isaac Newton, quien era el director de la Casa de la Moneda Real en ese momento – introduciendo el «Patrón Oro» en 1717. Para 1900, alrededor de 50 países habían seguido su ejemplo y habían adoptado  oficialmente el mismo estándar. El oro se volvió cada vez más comercializable y por lo tanto, cada vez más valioso, a medida que más y más naciones emitieron papel moneda respaldado por reservas de oro. Esto era dinero sólido: los mercados habían elegido libremente el oro como la mejor reserva de valor, y el dinero ahora estaba respaldado por él.

 

Los gobiernos europeos devalúan sus monedas para financiar el esfuerzo de las guerras.

 

En el siglo I d.C., el emperador romano Julio César emitió el «aureus», una moneda que contenía aproximadamente ocho gramos de oro. Se convirtió en un método de pago estándar en todo el Imperio Romano. Pero a medida que el crecimiento del Imperio comenzó a ralentizarse, los gobernantes comenzaron a «recortar monedas», una práctica engañosa mediante la cual una parte del metal precioso contenido en las monedas fué eliminado para reforzar el poder adquisitivo del gobierno.  Dinero Fácil, ¿verdad?  ¡Tal vez, pero eventualmente impulsó la inflación y desencadenó una serie de crisis económicas que, en última instancia conduciría a la caída del otrora poderoso Imperio Romano!

 

Pero el patrón oro tenía un defecto importante: el oro tenía que ser almacenado en un pequeño número de bóvedas bancarias. Esto facilitó el intercambio de papel moneda por oro, pero también creó un gran sistema centralizado en el que los gobiernos controlaban el valor del papel moneda. Si querían, siempre podrían aumentar la oferta de dinero sin aumentar la cantidad correspondiente de oro. La vendibilidad del papel moneda, en otras palabras, estaba completamente a su merced.

En 1914, casi todas las grandes potencias europeas decidieron hacer esto. La guerra había estallado y necesitaban efectivo para financiar sus operaciones militares. En lugar de aumentar los impuestos, siguieron el ejemplo de los romanos y simplemente imprimieron dinero nuevo.

Pero no estaba «respaldado» por oro, y aunque la impresión de las máquinas producía billetes  nuevos, no había oro nuevo agregado a las bóvedas de los bancos. En un par de semanas, los países que luchaban en la Primera Guerra Mundial habían suspendido la convertibilidad del papel moneda en oro. El estándar oro había sido abandonado.

Esto tuvo dos efectos perniciosos. Primero, esta fuente de efectivo disponible permitió a los gobiernos seguir financiando la guerra durante cuatro años más empapados de sangre. El segundo resultado de esta juerga de impresión de dinero fue socavar severamente el valor de las monedas existentes. La corona austro-húngara, por ejemplo, cayó un 68,9 % en comparación con el franco suizo, una moneda que permaneció ligada al patrón oro gracias a la decisión de Suiza de permanecer neutral y no participar en la guerra.

Ambos factores siguieron desempeñando un papel importante en la configuración de la vida económica de la Europa de posguerra.

 

El dinero respaldado por oro fue reemplazado por dinero respaldado por el gobierno después de la Primera Guerra Mundial.

 

Cuando la Primera Guerra Mundial llegó a su fin en 1918, las potencias europeas que habían estado involucradas en el conflicto se enfrentaron el espinoso tema de la revalorización de sus monedas. Lo obvio, la solución era volver al patrón oro, pero una revaluación justa en comparación con el oro habría sido altamente impopular. La admisión de lo poco que valían ahora las monedas.

Tampoco fue posible volver a los tipos de cambio anteriores, ya que se habrían sobrevalorado el papel moneda. El resultado habría sido una avalancha de ciudadanos exigiendo oro por su papel y recibos, oro que luego podrían haber vendido en el extranjero por un mayor valor.

Entonces los gobiernos optaron por introducir dinero fiduciario (Fiat) por sus siglas en inglés – dinero respaldado por decreto en lugar de oro. La adopción del dinero FIAT condujo a una era de dinero débil moldeado por una intervención cada vez mayor en la economía a medida que los gobiernos se apresuraron a estabilizar el valor de sus monedas.

 

En 1944, el final de la Segunda Guerra Mundial estaba a la vista y los vencedores comenzaron a planificar el orden económico de la posguerra. Esto  fue llamado el sistema de Bretton Woods, una referencia a un pequeño pueblo de New Hampshire en el que se  firmó el convenio. La idea básica era que, todas las monedas del mundo estarían vinculadas al dólar estadounidense a un tipo de cambio fijo. Los dólares, a su vez, estarían vinculado al valor del oro, de nuevo a un tipo de cambio fijo. El recién creado Fondo Monetario Internacional – FMI – estaría a cargo de vigilar estos tipos de cambio. ¡Increíblemente, todo el sistema requería que todas las reservas de oro de los países participantes fueran transportadas a Estados Unidos!

 

En teoría, Bretton Woods se parecía al patrón oro anterior a 1914, ya que todas las monedas eran aparentemente intercambiables por oro. En la práctica, no funcionó así.

 Los Estados Unidos infringieron las reglas e inflaron su propia moneda en comparación al oro mientras otras naciones inflaron sus monedas en comparación con el dólar para financiar la expansión económica.

Finalmente, la pretensión se abandonó y el oro se abandonó completamente como estándar, manteniendo una rápida inflación, la moneda ligada al oro era simplemente imposible.

El 15 de agosto de 1971, el presidente Nixon anunció que los dólares ya no serían convertibles en oro. De ahora en adelante, el valor de las monedas sería determinado libremente por la interacción de las principales monedas fiduciarias del mundo. Como veremos a continuación, los resultados fueron desastrosos.

 

 

Primero hay que decir que bitcoin se trata de efectivo electrónico de persona a persona o (peer-to-peer) en inglés.

 

La publicación del White Paper o Proyecto de Bitcoin en 2008 fue lo que la convirtió en la primera criptomoneda, que usaba  tecnología blockchain   y la criptografía. Dicho documento fue escrito por una o varias personas bajo el seudónimo de Satoshi Nakamoto, identidad que sigue siendo un misterio hasta hoy.

 

Pero además del soporte tecnológico de la blockchain como sistema de contabilidad actualizado a tiempo real, para que el bitcoin se convirtiese en un activo financiero valioso, debía a su vez seguir ciertas reglas económicas. Si lo simplificamos, según la ley de oferta y demanda, debía ser finito y escaso. El bitcoin no se puede “imprimir” o crear de la nada, sino que sigue un patrón desde su origen solo existen 21 millones de monedas, pero no todas han sido creadas a la vez. Cada 10 minutos, desde el momento de su lanzamiento, se libera un único bloque de información. El primer bloque de bitcoin conocido como “Bloque Génesis” se estableció el 3 de enero de 2009. La cantidad de monedas contenidas en cada bloque no es fija, sino que variará de la siguiente forma.

 

Primero cada bloque estaba formado por 50 bitcoins. Cada aproximadamente, 4 años (exactamente cada 210.000 bloques minados) este número se divide por la mitad en un proceso llamado “halving”. Por tanto luego del primer “halving” cada bloque contenía 25 bitcoins, en el segundo 25 y así sucesivamente hasta que se mine el último bitcoin. Hay que tener en cuenta que en el año 2036 ya se habrá minado el 99% de los bitcoins existentes y siguiendo este proceso el último bitcoin se minará en el año 2140 aproximadamente.

 

Si recordamos las reglas económicas que mencionaba anteriormente, el “halving” puede verse como el proceso por el cual se regula o limita la oferta. Y si sumamos esto a su carácter de finito, ya que sólo habrá 21 millones al producirse un aumento en la demanda, el precio sube. Esto es lo que ha estado pasando en las últimas subidas. Que solo haya 21 millones es arbitrario. Lo importante aquí es que ese límite no puede superarse, ni tampoco puede alterarse el ritmo en que se incrementa la masa de bitcoins disponibles. Esto lo hace completamente previsible, lo que resulta fundamental para un sistema monetario.

 

Ahora te podrás preguntar si solo habrá 21 millones, ¿Cómo esperas que lo utilice el planeta entero?

 

La escasez de bitcoins no será un problema porque cada bitcoin puede dividirse hasta el octavo decimal y potencialmente aún más en un futuro. Es decir, que será posible transferirle a alguien un satoshi, o lo que es lo mismo, 0,00000001 bitcoin.

Esto hace que estemos hablando de una masa monetaria de cuatrillones de unidades <<monetarias>> y esto es suficiente para abastecer a todo el mundo.

 

Ahora el proceso de verificación y validación de los datos, que en el caso de Bitcoin funciona de la siguiente forma. El principal mecanismo de consenso de la red bitcoin se llama prueba de trabajo  o proof-of-work (PoW)y es que permite el dinero de persona a persona. Los mineros son los que llevan a cabo el proceso de verificación y validez y validación a cambio de una recompensa. Lo que hacen es confirmar que ha habido una transacción de A a B o que se ha creado un bloque con nuevos bitcoins. Para ello se propone un problema matemático cada 10 minutos y el minero más rápido en resolverlo es el que consigue la recompensa, siempre y cuando los demás mineros acepten la solución como correcta. La recompensa recibida en el bloque entero, sumando a las pequeñas comisiones de todas las transacciones dentro de los 10 minutos de creación del bloque. Dichas comisiones son pequeños porcentajes de las cantidades transferidas, comúnmente medidos en satoshis. Por tanto, a pesar de que la cantidad de bitcoins contenidos en cada bloque va disminuyendo debido al halving, si las transacciones van en aumento la recompensa de los mineros seguirá siendo interesante, lo que garantizará la sostenibilidad del sistema.

 

La probabilidad de que un minero reciba la recompensa depende principalmente de dos factores: uno el poder computacional propio de cada minero(hashrate) y la dificultad o (poder computacional de todos los otros nodos combinados). Como características principales, retomo las características de las criptomonedas en general: descentralizadas, seguras,  finitas, internacionales, rápidas, con bajos costes de transacción, sin intermediarios anónimas y transparentes. Según los expertos, una transferencia de bitcoin es al menos 3 veces más segura que una transferencia entre cuentas bancarias, así que si alguien cree que los algoritmos criptográficos empleados por bitcoin no son lo suficientemente confiables, tampoco debería confiar en las tarjetas de crédito y en cualquier tipo de transferencia bancaria electrónica.

 

Otra característica importante es que bitcoin es un medio de pago irreversible. Las transferencias se realizan directamente entre nodos, lo cual hace imposible tanto la reversión involuntaria de los pagos como la cancelación de una transacción haya sido mutuamente acordaba. O sea, que si de A se ha transferido un bitcoin a B, A renuncia a la posesión de esta moneda y la única forma de que está regrese a A es mediante una nueva transacción.

 

Bitcoin no es una empresa, no es propiedad de una persona, ni tampoco es solo una herramienta. Sin embargo, podemos considerarlo como un marco para el desarrollo de herramientas, ya que tiene la capacidad de incluir modificaciones o innovaciones sin abandonar su esencia. El código abierto es justamente el que le permite esto, introduciendo mejor propuestas por la comunidad de programadores siempre que haya consenso. Esto lo pone a resguardo de que se ha modificado en beneficio de unos pocos.

 

He definido al bitcoin, cómo <<efectivo electrónico>> sin embargo, muchos lo denominan <<commodity electrónico>> y otros en cambio, lo consideran como una reserva de valor. Dependiendo de las características que tengamos en cuenta, estas afirmaciones tienen mucho sentido. Si lo vemos como efectivo digital, podemos decir que al igual que el oro, cumple con  todos los requisitos para que lo podamos considerar como una buena moneda (o unidad de intercambio): durable, portátil, de fácil almacenamiento, de difícil falsificación, homogéneo, divisible (a fines prácticos infinitamente divisible), muy distribuido, geográficamente y finito (escaso.

Invito a todos a leer proyecto o  “White Paper de Bitcoin” para descubrir por sí mismos todos los aspectos que he resumido y otros conceptos que hicieron que este experimento haya revolucionado el mundo.

 

 

Abrir chat